Patente de Corso


 
 
 
 
 
 

Patente de Corso

El nuevo proyecto de The Legacy.

El objetivo de nuestro nuevo proyecto es recuperar la vida y obra de los corsarios españoles a fin de desmitificar una parte de la historia que, sin rigor histórico alguno, ha sido vulgarmente popularizada por la industria cinematográfica hasta el punto de ser naturalizada por todos y cada uno de nosotros. Buscamos, en definitiva, realizar un cambio de paradigma y arrojar una brizna de luz sobre la realidad histórica de España.

Durante la preparación de la Exposición The Legacy en San Sebastián tuvimos acceso a la tesis doctoral de D. Raúl Moscoso González titulada“Guerra y comercio. Los corsarios españoles en el Gran Caribe durante el reinado de Felipe V (1700-1746)” y, de su trabajo, surgió la promoción de algunas de estas figuras olvidadas de nuestra historia con un primer protagonista, el guipuzcoano Ignacio de Olavarría.

La historia que da inicio a nuestro nuevo proyecto surge a finales del siglo XV cuando, con la rúbrica del Tratado de Tordesillas, redactado bajo los auspicios del Papá Alejandro VI, los reinos de España y Portugal se repartieron la mitad del mundo conocido en detrimento del resto de potencias europeas, es decir, de Francia e Inglaterra. Pese a todo, durante los primeros años de la expansión atlántica española, los nuevos territorios no parecieron despertar el más mínimo interés en el resto de cortes europeas... Al fin y al cabo, allí no parecía haber nada de valor.

La llegada a la Península Ibérica del impresionante tesoro de Moctezuma capturado por Hernán Cortés no hizo sino avivar las disputas entre los diferentes monarcas europeos, quienes no tardaron en exigir a Carlos I de España y V de Alemania que les entregara la parte de lo que les correspondía del llamado Nuevo Mundo. De hecho, Francisco I de Francia llegó a exigir a Carlos V que le mostrará el testamento de Adán en el que éste dejaba a España más de la mitad del mundo. Ante la negativa de las autoridades españolas a permitir la entrada en sus territorios de cualquier súbdito extranjero, los monarcas europeos no tardaron en lanzar ataques marítimos contra las posesiones españolas en América a fin de resquebrajar el monopolio comercial hispano. 

Corsarios, piratas, bucaneros o filibusteros fueron los mecanismos que permitieron que durante más de un siglo, unos se apropiaran de las riquezas de otros. Finalmente, cansados de ser siempre las víctimas en sus propias tierras, autoridades y vecinos decidieron responder armando sus propios barcos para atacar tanto a las naves y posesiones de sus enemigos -  Gran Bretaña, Francia y Holanda - como a los independientes - los piratas -. Poco a poco, los mares y costas americanos se llenaron de embarcaciones corsarias que retornaban a sus puertos cargados con millones de pesos en oro y plata, así como centenares de prisioneros ingleses, franceses y/o holandeses.

Para regular la gran actividad depredadora que surgió de los puertos españoles, el 12 de diciembre de 1621 Felipe IV promulgaba la primera "Ordenanza por la que han de regirse los navíos particulares que naveguen en corso", un compendio legal que regulaba todos los aspectos de la navegación en corso y tenía como fin legalizar la captura de las naves enemigas, que podrían ser comercializadas en los territorios españoles sin impedimento alguno a fin de que estas financiaran la propia actividad. Esta ordenanza se mantuvo inalterable hasta el 22 de febrero de 1674, cuando con el objetivo de adaptar la actividad corsaria de sus súbditos a la realidad americana, la Reina Mariana de Austria, en nombre de su hijo Carlos II, mandaba publicar una nueva reglamentación específica para el continente americano que se mantendrá hasta 1761, ya con Carlos III en el trono de España. 

Desde finales del siglo XVII, la lista de corsarios españoles irá incrementándose paulatinamente nutriéndose de todos los estamentos de la sociedad, desde jóvenes marineros con ansias de aventuras hasta ilustres miembros de la sociedad americana que vieron en el corso y sus preeminencias un buen sistema de ascenso social. Gracias a ellos, entre 1739 y 1742, los primeros años de la denominada como Guerra del Asiento o Guerra de la Oreja de Jenkins, se concedieron más de 50 patentes de corso que permitieron a los corsarios españoles capturar un total de 447 embarcaciones británicas con un valor aproximado de 31 millones de libras. Algunos de estos hombres fueron:

·        El bilbaíno Pedro de Garaycoechea, quien al mando de una pequeña escuadrilla compuesta por dos paquebotes y una fragata logró capturar múltiples buques británicos, entre ellos once balandras, seis fragatas, cuatro paquebotes, cuatro bergantines y una goleta. Fruto de su actividad corsaria reunió un botín de más de 3.250.000 pesos, una verdadera fortuna para la época.

·        Luis Francisco Silveiro, vecino de Trinidad, navegó en corso entre 1742 a 1745 y con sus balandras “Inocente” y “San Juan Nepomuceno” capturó diversos buques británicos, entre ellos cinco balandras, dos fragatas y un bergantín.

·        El puertorriqueño Miguel Enríquez fue quizás uno de los corsarios españoles más temidos y respetados de toda América. Nacido de la unión entre una esclava y un miembro de la elite puertorriqueña, Miguel Enríquez fue un mulato "trigueño, casi negro" que vio en el corso y el servicio al rey un increble método de ascenso social. Su flota, compuesta por más de 12 embarcaciones, capturó la friolera de 65 embarcaciones, lo que le convirtió en el hombre más acaudalado de Puerto Rico. Por sus servicios al Reino, Felipe V le concedió la medalla de la Real Efigie, lo que le permitió ser uno de los primeros mulatos americanos en alcanzar la dignidad de Caballero de España.

·        El dominicano José Campuzano Polanco capturó entre 1719 y 1735 más de 55 embarcaciones, siendo 35 de ellas británicas. Su fama, que se extendió desde el Caribe hasta el Atlántico Norte, le llevó a ingresar en la Real Armada Española donde sirvió bajo el mando del ya célebre teniente general D. Blas de Lezo en la nunca suficientemente laureada Batalla de Cartagena de Indias de 1741.

·        Otros corsarios como el ya mencionado Ignacio de Olavarría, Domingo Coimbra, Andrés González, Juan Bustillos, Juan Ramón Gutiérrez o Miguel de Manzona azotaron a los buques ingleses hasta alcanzar las costas de New York o Rhode Island, en los actuales Estados Unidos de América. Buena prueba de ello la encontramos en una carta en la que el célebre Benjamin Franklin solicita la ayuda de las autoridades británicas debido a la presencia de dos corsarios cubanos a la altura del cabo Hatteras (Cabo Medanoso en español).

Patriotas, bandidos de la mar, vecinos que cansados de ser atacados decidieron defenderse con las armas en la mano, oportunistas dispuestos a todo por un ascenso social y, como no, aventureros románticos. Estas son sólo algunas de las definiciones que nos vienen a la mente cuando hablamos de corsarios.

Los principales armadores españoles desarrollaron su actividad en el Cantábrico, el Caribe y el Mediterráneo luchando contra ingleses, franceses, holandeses, berberiscos y turcos. Fueron hombres excepcionales que supieron transformar sus penas en virtudes y, con ello, engrandecer y defender a su tierra, aunque fuera tomando las armas. 

Iniciamos este proyecto en el País Vasco con la presentación del proyecto Patente de Corso a bordo de la Nao Victoria, arrancando con los Corsarios Vascos y con el valiente Ignacio de Olavarría como nuestra principal bandera. Pero hay más. Nuestra intención es recuperar la memoria de todos los corsarios españoles con independencia de su lugar de naciomiento, fueran estos gallegos, andaluces o catalanes.

Necesitamos buenos vientos y buena mar y tu ayuda para difundirlo.

Fuentes:

·       Moscoso González, Raúl (2022). Guerra y comercio. Los corsarios españoles en el Gran Caribe durante el reinado de Felipe V (1714-1746). Tesis inédita dirigida por Meritxell Tous Mata y Javier Laviña Gómez. Universidad de Barcelona. Barcelona.

·        Ferrer Gispets, David y Moscoso González Raúl (2019). Por el beneficio y el Real Servicio. El corso hispano en la estrategia mediterránea de Felipe V (1714-1746). Drassana; Revista del Museu Marítim. Núm 71, Pág. 42-54. Barcelona.

·       Otero Lana, Enrique. (2006). Los corsarios vascos en la edad moderna. Itsas; Revista de estudios marítimos del País Vasco. Núm 5, Pág. 193-227. San Sebastián.

·       Rodríguez González, Agustín.R.(2020). Corsarios españoles. EDAF, Madrid.

·       Ortega Josefina. finoriz@hotmail.com, “Corsarios cubanos” , www.archivocubano.org

. https://www.elmundo.es/cultura/2020/10/26/5f9538f4fc6c83fb768b456f.html

. https://abcblogs.abc.es/espejo-de-navegantes/otros-temas/corsarios-espanoles.html

Nuestro más sincero agradecimiento a D. Raúl Moscoso González por su generosa contribución a nuestro proyecto y por su excelente trabajo de tesis doctoral, motor e inspiración de este nuevo proyecto.


The Legacy presenta su nuevo proyecto Patente de Corso a bordo de la Nao Victoria

6 DE JULIO DE 2022

La nao Victoria, réplica de la embarcación del guipuzcoano Juan Sebastián Elkano, con la que dio la primera vuelta al mundo, se encuentra abierta al público en el puerto de Donostia hasta el 10 de julio. La asociación The Legacy, junto con el Ministerio de Defensa, inauguró ayer la exposición El legado vasco en los Estados Unidos de América y su nuevo proyecto Patente de Corso, que cuenta con cuatro nuevas postales que se añadieron a la exposición en la Iglesia de San Pedro Apóstol del Paseo de Muelle 2 en Donostia.


Los corsarios vascos salen de su sombra

5 DE JULIO DE 2022

La nueva muestra de postales de The Legacy recoge los hitos más desconocidos de los bucaneros que navegaron hacia el Nuevo Mundo durante el siglo XVIII.


La humillante muerte de los infames corsarios ingleses Drake y Hawkins

8 DE ENERO DE 2022

Los infames corsarios ingleses Francis Drake y John Hawkins bajo órdenes de Isabel I de Inglaterra, son derrotados y humillados por un contingente español muy inferior.